Reflexiones para experimentar

de Josep Pocalles

Pensar en ganar en lugar de recuperar

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Via Blogsagora , un excelente artículo para el 2009 , aplicable a todos aquellos que han visto como su cartera ha caído un 40%.

Recientemente una consultora norteamericana hacía público un estudio según el cual el 81 por ciento de los  inversores deseaba cambia de asesor, y el 86 por ciento pensaba desaconsejar los servicios de su asesor.

No importa si el cliente lo ha hecho por sí mismo o se ha puesto en las manos de un ¿experto?, si ha utilizado su instinto o los sabios consejos de la banca privada. El colapso es histórico, con carteras que pierden entre un 40 y un 50 por ciento de su patrimonio, o más en caso de que éstas hayan llegado apalancadas.

El inversor llega asustado, aunque en muchos casos no está escarmentado. Llega con la esperanza de que tal vez sea posible hacer algo más o menos milagroso, quizá comprar más acciones en el momento justo para aprovechar un buen rebote y salir con ligeras pérdidas o algún beneficio, quizá apalancar la cartera… Nuestra respuesta es siempre la misma: lo primero implica insistir en el error en lugar de reconocerlo (¿No habíamos quedado que era de sabios hacerlo?), lo segundo supone aumentar el riesgo en época de drowdown, lo que desafía radicalmente la disciplina de trading de éxito. La decepción es inmediata, pero aún así es difícil que el cliente llegue a una auténtica conciencia de las causas de lo sucedido y del sufrimiento que aún puede tener por delante si no acepta la vía que no aceptó en su momento él mismo o su asesor: la del dolor.

¿Cómo resolver esto? Lamentablemente no es posible, habría que hacer magia. El inversor no se da cuenta de que el problema no radica en la composición de su cartera ¡Ha perdido en todo o casi todo cantidades inconfesables!, sino en una metodología de inversión que no se protege ante esa posibilidad ante lo impensable. En realidad a este inversor le sucede lo que a un paciente de cáncer con metástasis al que no se aplicó la quimioterapia cuando podía ser efectiva, o a un soldado con gangrena al que no se le amputó a tiempo el miembro que debía ser sacrificado en pos de un bien superior: la supervivencia.

Fue Beethoven quien dijo: “soy discípulo del dolor”. Y en bolsa el dolor es la ejecución de un stop loss. Y el que no los aplica, tarde o temprano, conoce el largo camino de tener que ver una cartera “pillada”, el sufrimiento. La elección entre dolor o sufrimiento no parece muy atractiva a priori cuando otros te venden esperanza – por no llamarla humo – desde que perdías un 5 por ciento en tu cartera.

Un inversor puede tardar años en entender todo esto, sobre todo tras haberse ahorrado por el camino muchas pérdidas aparentemente innecesarias con un poco de paciencia – perdiéndose también la posibilidad de comprar más bajo aprovechando la corrección, digámoslo todo -, pero al final, tarde o temprano, un lustro antes o un lustro después (por tanto si permanecemos a largo plazo en el mercado deberemos enfrentarlo) el lobo del cuento de Pedro llega y acostumbrados a que no lo haga cada vez que lo parecía, los inversores se quedan finalmente sin la mitad de su rebaño. Y lo peor está por llegar, porque lo peor es tener que olvidarse de todo, durante años quizá, sin saber cuántos años serán necesarios para que la cartera se recupere.

Reflexiones sobre el pasado

En 1.989 Algodonera cotizó en los 3,25 euros. En 1.992 cotizaba por debajo de 0,30. No fue hasta 2.005 cuando volvió a alcanzar los 3.25. En 1.989 Nicolás Correa cotizaba en 3,30 euros. En 1.996 cotizaba por debajo de 0,3 y estaba en suspensión de pagos. En 1.998 estaba por encima de los 6 y en 2003 claramente por debajo de los 2. Hoy lucha por mantener los 4. En 1997 Española del Zinc cotizaba cerca de los 5 euros, hoy cotiza claramente por debajo del euro pese a que hemos visto una de las burbujas de materias primas más intensas de la historia. En 1987 La Seda cotizaba por encima de los 6,5 euros. Hoy lo hace claramente por debajo de los 0,5 tras haber alcanzado los 3,5 en 1.998 y niveles superiores a los 2 en 2.007. En 1.987 Sniace llegó a cotizar por encima de los 16 euros para cambiar por debajo de los 0,25 en 1.992; y hace sólo un par de años cambiaba por encima de los 6. Hoy está claramente por debajo del euro. Tubacex marcó niveles de 4 euros en 1.987, niveles que no volvió a ver hasta 2.006. Hoy está a un 10 por ciento de los 2 euros.

Todos estos son ejemplos extremos. Como probablemente lo son Lehman Brothers, Fortis, Enron, MCI-Worldom, Terra, Tiscali, o Solaria, por citar algunos ejemplos de compañías a las que sus supuestos buenos fundamentales han llevado a perder el 90 por ciento de su valor sin dejar de ser empresas de futuro. Algunas han desaparecido, otras han sido absorbidas u opadas, cercenando el sueño de los pacientes que esperaban que a largo plazo se pudieran recuperar sus inversiones.

La dura realidad

El inversor busca soluciones que lamentablemente no es posible encontrar . La única cosa que se puede plantear es la siguiente disyuntiva: hacer tabla rasa y empezar de nuevo con la lección aprendida y un método que por encima de todo pretende la supervivencia a largo plazo (en el que la rentabilidad es la consecuencia de ello), sabiendo que para recuperar el 40% perdido hay que ganar un 80% y que por tanto que probablemente harán falta años de duro trabajo para devolver al patrimonio donde estuvo, o esperar que el fruto lo recoja el tiempo, o en el peor de los casos los bisnietos.

Ama tu pérdida, dicen los traders de éxito en Wall Street. Soy discípulo del dolor, dijo el genio.

El cliente aspira a recuperar, pretende cometer otro error por no asumir el que ya cometió. Lo perdido, perdido está. No se puede recuperar lo que se ha evaporado, ni lo que está en manos de otro inversor (de un bajista, por ejemplo). Lo único que le queda al inversor que se reprocha haber hecho las cosas así es convencerse de que necesita una nueva metodología, de que la palabra recuperar está maldita porque implica no haber acabado con el sufrimiento, no haber aceptado la realidad ¡Y qué peligroso es eso para la supervivencia! Bien lo saben los que ven National Geographic…

El camino para un inversor dispuesto a cambiar de vida es reordenar las cosas en su cabeza, empezar de nuevo que no de cero, intentando conseguir nuevas victorias con la parte del ejército que le queda tras ver como sus soldados se desbandan por el campo de batalla. Si quedan soldados se trata de pararlos, reordenarlos, formarlos de nuevo, hacerles conscientes de dónde están y empezar a avanzar hacia el futuro. Y no para recuperar lo perdido, que no es posible, sino para ganar nuevo dinero.

Written by jpocalles

diciembre 5, 2008 a 8:12 am

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