Reflexiones para experimentar

de Josep Pocalles

Corrupción 2.0

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Elemental, así de sencilo es como Matías Vallés describe a los nuevos aires de corrupción :

La corrupción ha venido para quedarse, pero el abordaje académico de esta disciplina no se halla en España a la altura de su relevancia económica. Un programa curricular incluiría asignaturas como Materiales de Corrupción, Derecho Corrupcional o Urbanismo Corrupto -con un apéndice de una docena de páginas para abarcar todo el urbanismo incorrupto-. La implantación de los citados estudios es urgente, porque la venalidad de los cargos públicos ha evolucionado a mayor velocidad que sus comentaristas. Abordar los recientes descubrimientos de sobornos en Madrid y Valencia con una mentalidad propia del siglo pasado, la Corrupción 1.9, no permite aquilatar en su integridad un fenómeno que se encuentra ya en la fase 2.0, si no ha mutado de nuevo en el tiempo transcurrido entre la escritura y la lectura de este artículo.
En la variante clásica o Corrupción 1.9, el alcalde inexperto se veía asediado por las presiones de grandes empresarios. El cargo público acababa sucumbiendo al cerco de su honra, no tanto por atender a Oscar Wilde -«la única mane­ra de liberarse de las tentaciones consiste en rendirse a ellas»- como por flaqueza. Su comportamiento iba en detrimento de la ética, pero le reportaba a cambio la cantidad pactada, y que salía de los cofres de la empresa privada. A menudo, el daño a la ciudadanía era indirecto. Por ejemplo, a través de la destrucción de un pinar. Para tranquilizar su conciencia, el político corrompido entregaba una porción de su cuota al partido. En el franquismo, el reparto hubiera incluido una limos­na para la salvación de las almas.

En efecto, la Corrupción 1.9 presenta resabios apolillados de un episodio de Cuéntame, al igual que la mayor parte de la producción del cine español. En la actualizada Corrupción 2.0, los munícipes o diputados pusilánimes y sin sueldo se han transformado en los políticos mejor pagados de la historia. Su nómina lleva aparejada una nutrición más sana, lo cual multiplica su aptitud para la supervivencia -una obligada mención darwiniana en el bicentenario-. Engominado y endomin­gado, el neocorrupto es un líder que se sacude el papel de comparsa de sus predecesores. Brioso, transforma la pasividad en pasión. Participa en el diseño de la trama corrupta, a menudo como mentor de la misma. Reúne al equipo, lo arenga, detalla el plan. La bibliografía consultada resume la inversión de roles en «corrupto busca a corruptor», muy en la línea de la confusión habitual entre los papeles de seductor y presa.

Con todo, la innovación más deslumbrante de la Corrupción 2.0 afecta a la financiación del proceso. El dinero ya no corresponde a empresarios sin escrúpulos, ávidos de una recalificación -alguno tuvo que pedir un préstamo bancario para pagar los sobornos-. Ahora se saquean directamente las arcas públicas, mediante facturas por servicios jamás prestados o inflados con prodiga­lidad. El hombre de negocios ha sido postergado a mero intermediario, mientras el político corrup­to asume la posición central de la urdimbre. La extracción directa de las aportaciones de los contribuyentes simplifica los trámites, en cuanto que desaparece la necesidad de un pretexto.

La diferencia más sustancial entre Corrupción 1.9 y Corrupción 2.0 calca la existente entre perder el dinero invertido en un fondo con todas las bendiciones legales o dilapidarlo directamente en Madoff. El resultado es el mismo, pero en el segun­do caso se toma un atajo que abrevia la sustracción de fondos. Sin embargo, la objetividad científica obliga a admitir que la variante modernizada de las transacciones corruptas cursa con efectos secundarios.

La secuela más nociva de Corrupción 2.0 es el «daño reputacional», por utilizar la feliz expresión del gobernador del Banco de España, en referen­cia precisamente a los banqueros entrampados por Madoff. El concepto no alude a la integridad moral del político en venta -la única reputación que le preocupa es la imputación-, sino a que su gestión introduce nuevos elementos de desconfianza en el capitalismo. Ni siquiera la corrupción cree ya en la pujanza del libre mercado. El soborno se ha nacionalizado, arranca y desemboca en las arcas estatales. Alimenta así un circuito inagotable porque, según pontificaba Valle-Inclán al explicar sus Sonatas, «el tema, si es eterno, por mucho que esté tratado, no está agotado nunca».

Written by jpocalles

febrero 22, 2009 a 8:21 pm

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